Lo que pasa en mi escalera
Desperté a las dos de la mañana picado por la plaga de chinches. Tengo ronchas en la espalda, cuello y brazos.
Descripción de la pieza: En los platos, sobre la mesa rectangular, restos de arroz y huauzontles, cubiertos sucios, mi segundo cigarrillo humeando en el cenicero, los restantes en el paquete de Delicados con filtro, sobre un ejemplar del Laberinto de la Soledad comprado a $45 en un puesto en Miguel Ángel de Quevedo. Conmigo a la mesa, el gato durmiendo en ovillo en una silla que, como las otras, ya ha dado de sí mucho más de lo que decentemente se le puede pedir.
Ecos de sirenas a las 3 de la mañana. Al espejo que cuelga de uno de los muros mi reflejo mirando la hora.
La ventana al norte de la pieza da a un patio central. Veo los vecinos desvelados subir por las escaleras, en frente; más de uno se ha asombrado de ver un extraño en la cocina del vecino. Anoche a esta hora “una viejas llegaron bien pedas, hijas de su pinche madre, armando un escándalo” que despertó a medio vecindario, “¿qué se creen, esas pendejas”. Una de ellas era la vecina de allá arriba, la que “una vez se ligó a uno bien chavito y ese güey se la chamaqueó, le voló sus cosas, pendeja. ¿Quién le manda? ¡Por pendeja!”. Los que se acaban de mudar salieron a ver, y me encontraron a mí a estas horas en la ventana, a la vecina de arriba y su cuatacha que subían las escaleras hacia los cuartos de azotea despertando a todo dios.
Par Felipe Bachomo :: 29.03.08 à 10:32 (CET) :: Oh tierra del sol :: #213 :: rss
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